La inflación estadounidense se mantiene pegada al 4.1%, obligando a la Reserva Federal a mantener una postura restrictiva que ahoga al Euro y empuja al par EUR/USD a su nivel más bajo en un año.
Los mercados de divisas han sido testigos de una jornada de pesadilla para la moneda única europea. El par EUR/USD ha cerrado en 1.1330, un nivel que no se veía desde hace 13 meses, marcando el mínimo anual de la sesión. Esta caída, que representa un retroceso del 2.3% en apenas una semana, refleja la creciente desconfianza de los inversores hacia la Zona Euro frente a la solidez aparente del dólar estadounidense.
La inflación en EE.UU. como ancla de peso
El motor de esta tormenta perfecta son los datos macroeconómicos de Estados Unidos. La inflación medida por el índice PCE headline se ha mantenido en el 4.1%, una cifra que confirma las temores de que la presión de precios persistirá. Paralelamente, la inflación core se sitúa en el 3.4%, ambos niveles que invalidan cualquier narrativa de una recuperación económica rápida y suave.
Estos números han validado las expectativas de un endurecimiento monetario por parte de la Fed a finales de año. Los inversores interpretan estos datos como una señal clara de que el banco central estadounidense no bajará los tipos de interés tan pronto como se esperaba, lo que ha provocado una revalorización inmediata del dólar y una depreciación forzosa del Euro.
Debilidad en el corazón de la Zona Euro
Mientras Estados Unidos muestra resistencia, la Zona Euro padece una crisis de confianza. La encuesta de confianza de los consumidores de Alemania, el motor económico de la eurozona, ha mostrado una recuperación más débil de lo que los analistas esperaban. Este dato, combinado con la fortaleza del dólar, ha creado un escenario perfecto para la venta del EUR.
Los técnicos observan que el par ha encontrado un soporte temporal en el nivel de Fibonacci del 261.8% en 1.1330, pero la resistencia inmediata se sitúa en 1.1370, con una barrera más sólida en 1.1520. La tendencia, sin embargo, sigue siendo claramente bajista, alimentada por el miedo a una divergencia persistente entre las economías de EE.UU. y Europa.
