El presidente y consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, ha presentado su visión para el futuro de las finanzas: un ecosistema donde las carteras digitales no solo sirvan para pagar, sino para invertir en acciones, bonos y fondos cotizados con la misma facilidad que se envía un mensaje. La compañía ya cuenta con casi 150.000 millones de dólares en activos vinculados al mundo digital.
Larry Fink, al frente de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, ha vuelto a situar la tokenización de activos financieros como uno de los pilares de la evolución de los mercados. En su carta anual a los accionistas de 2026, el ejecutivo trazó un paralelismo entre el estado actual de esta tecnología y el internet de 1996: un potencial inmenso que aún está por desplegarse por completo. Lejos de verlo como un reemplazo del sistema financiero tradicional, Fink apuesta por un modelo de convivencia, describiéndolo como “un puente que se construye desde ambos lados del río hasta encontrarse en el medio”.
Una infraestructura para democratizar la inversión
El concepto clave que maneja Fink es el de actualizar “la fontanería del sistema financiero”. Para él, la tokenización no es un fin en sí mismo, sino un medio para hacer que los instrumentos de inversión sean más fáciles de emitir, negociar y, sobre todo, acceder a ellos. Su visión es que una única cartera digital regulada pueda albergar desde ETFs y bonos tokenizados hasta intereses fraccionados en infraestructuras o créditos privados. “Imagina que la misma cartera digital que llevas en el teléfono te permitiera invertir en una amplia gama de empresas a largo plazo, con la misma facilidad que haces un pago”, planteó Fink en la misiva.
BlackRock ya tiene los números para respaldar la apuesta
Más allá del discurso, los datos avalan la estrategia. BlackRock reporta actualmente casi 150.000 millones de dólares en activos bajo gestión vinculados a activos digitales. De esta cifra, unos 65.000 millones corresponden a reservas de stablecoins (como las que mantiene para el círculo de USDC), mientras que cerca de 80.000 millones están en productos cotizados (ETPs) de activos digitales. Su fondo tokenizado de bonos del tesoro, conocido como BUIDL, se ha convertido en el más grande del mundo, superando los 2.000 millones de dólares desplegados en ocho blockchains diferentes. Estos productos, lejos de ser experimentos, son operativos y están en plena fase de escalado.
El camino hacia la adopción masiva
La hoja de ruta que dibuja Fink se apoya en movimientos concretos del mercado. Hace apenas unas semanas, la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC) aprobó una propuesta de Nasdaq para permitir que ciertas acciones sean negociadas y liquidadas en forma tokenizada en el propio exchange. La Bolsa de Nueva York (NYSE) también ha anunciado planes para desarrollar una plataforma que permita la negociación y liquidación en cadena de acciones y ETFs estadounidenses tokenizados, con la promesa de operativa 24/7 y liquidación instantánea. Para Fink, estos avances, junto con la experiencia de BlackRock en mercados como India (donde su alianza JioBlackRock captó más de un millón de inversores en menos de un año), demuestran que el canal de distribución a través de móviles es el siguiente gran paso.
Más allá de los ETFs: la distribución en carteras
La verdadera novedad de la visión de Fink reside en la distribución. Actualmente, el acceso a productos tradicionales dentro de las carteras digitales es prácticamente nulo. BlackRock planea “liderar el cambio” para que un inversor pueda comprar participaciones fraccionadas de un ETF o de un fondo de renta fija directamente desde su aplicación de cartera, sin intermediarios adicionales. La compañía ya está experimentando en esta dirección: recientemente, UniSwap Labs y Securitize integraron BUIDL para que pueda ser negociado a través de UniSwapX, combinando el rendimiento de los bonos del tesoro con la flexibilidad de las stablecoins, todo ello bajo un marco de cumplimiento regulatorio. Con más de la mitad de la población mundial llevando ya una cartera digital en su teléfono, Fink considera que la próxima frontera es convertir ese espacio en el principal punto de acceso a los mercados de capitales globales.
